Yo respondo.
Las normas son claras y sólo las expondré una vez; el que las viole que se atenga a arder con la eterna lluvia de azufre de las profundidades de donde vengo, pues yo soy su portador y avatar, y a mi orden caen del cielo, devastan ciudades enteras, sodomizan poblaciones y devoran cual voraz cáncer omnívoro a las plantas y los animales.
Primera norma: Una pregunta por persona. Vosotros no sabéis quiénes sois, pero yo sí. Puedo sentiros desde mi cúbil, y mi ojo clarividente no se equivoca jamás. El castigo por infrigir esta norma es sufrir pesadillas recurrentes de por vida; no muy repetitivas: quizá una vez al mes, o una vez cada dos meses. Pero éso sí, cada vez que las padezcáis, os arrancaréis los cabellos en infructuoso deseo de no volver a sufrirme en el mundo de morfeo.
Segunda norma: Prohibo a quienes me planteen sus disyuntivas el sacar algún tipo de lucro. Por el mismo motivo que antes: os vigilo.
Tercera norma: Prohibido preguntar sobre mí, o sobre mi origen exacto. Guerreros de la Luz y demás escoria comeflores: ni se os ocurra intentar boicotear mi foco en la red.
El consejo que siempre debéis tener en cuenta: Pensad dos veces en lo que os disponéis a preguntar. Muchas personas no podrán soportar el dolor que produzca mi respuesta.